lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 10 - Te Necesito, Daniel - [GraciasRocío(L)]


Poco después, llegó la hora de prepararse para el programa. Al ir a mi camerino, pasé por el de Anna, que tenía la puerta entreabierta. Escuché como hablaba con Romina, quién había venido a hacernos una visita en nuestro primer programa de Otra Movida. Sí, la íbamos a echar de menos. No pude pasar de largo, y me quedé escuchando.

-Pero, ¿cómo te has dejado hacer eso? Tú eres una mujer fuerte y no debes aguantar que un hombre te trate así. Tienes que denunciar.
-Romina, me ha amenazado, me ha estampado la mano en la mejilla y me ha violado. Estoy asustada. No puedo hacer nada.
               
Asombro. Impresión. No, nada de eso. Era de esperar. Miki era un tipo demasiado posesivo. Lo había comprobado una tarde que Anna y yo quedamos para dar una vuelta. Le gritó ahí, en el bar, delante de todo el mundo. Humillándola como no se merecía. Entonces, me armé de valor. Sin saber qué reacción podía tener ella, entré a su camerino. Y la abracé. Lloró en mi hombro.

-Por qué no me lo habías contado?
-Para qué iba a hacerlo? No puedes hacer nada al respecto. No te va a hacer caso.
-Anna, yo… yo no puedo hacer nada, tienes razón. Pero tú sí que puedes. Y tienes que denunciar. Ahora mismo te acompaño si quieres. Flo lo entenderá.
-No, esto no puede salir de aquí, entiendes? Si digo algo, ellos lo comentarán, Miki se enterará de que os he dicho algo y me matará.
-No digas tonterías – dijo Romina – No te puede matar.
-No? Estás segura de eso, Romina?
-Muy segura.
-Pues yo no lo estaría tanto.
                
Y me fui. No quería seguir discutiendo, y menos con Anna. Caminé hacia la puerta, donde aún estaba Flo. Le dije que me dejara salir unos minutos, que no tardaba en volver. Y me lo permitió. Me dirigía hacia la comisaría, donde, quisiera Anna o no, pondría una denuncia a Miki. Pero no llegué a tiempo. En una calle noté como alguien me cogía del cuello y me llevaba hacia un callejón, anteriormente desconocido para mí. Me estampó contra la pared, haciendo que me golpeara fuertemente en la cabeza y cayera hacia el suelo. Pude articular unas simples palabras antes de ver quién era el que me había cogido.

-Quién eres?
-Y quién coño eres tú para decir a mi novia que me denuncie?
               
Me giré y le vi. La rabia invadió mi cuerpo por completo. Fui rápidamente hacia él, pero él fue más rápido que yo.

-Quieto ahí… qué ibas a hacer? Pegarme? Ja, ja, ja, - rió irónicamente – Un tirillas como tú.
-Mira, yo sólo te pido que la dejes en paz – dije tranquilizándome – Ella no te quiere, así que creo que deberías dejarla en paz, si quieres que ella sea feliz.
-Claro que quiero que sea feliz, pero yo sé que, si no es conmigo, ella no va a ser feliz. Ella me necesita. Me pertenece.
-No, no te pertenece. Ella no es de ti, ni tú eres de ella. Tiene derecho a elegir con quién quiere ser feliz, y, si no quiere serlo contigo, no has de pegarla ni hacerla sufrir.
-Cállate ya, joder!
                
Y, sin que yo pudiera esquivarlo, me dio un puñetazo en la mandíbula y el otro en el estómago, provocando que cayera al suelo, indefenso, sin que pudiera hacer nada. Siguió pegándome un buen rato, perdí la fuerza y me sentía un cobarde, pero no podía hacer nada. Ya se había ido cuando noté a alguien acercarse a mí, no podía ver quién era, tenía la vista nublada. Escuché unas últimas palabras antes de caer inconsciente.

-Te necesito, Daniel.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Un pequeño relato.

Hola :)
Bueno éste es un pequeño relato que no tiene nada que ver con la historia pero que me gustaría que leyerais y opinarais sobre él. Se aceptan críticas tanto buenas como malas, ya sean constructivas, y objetivas. Gracias a todos los lectores!
Att. Espe
PD-La idea me la dio mi gran amiga Cris ;)
Gilipollas. Eso es lo que era, un auténtico y gran gilipollas. Por qué la había dejado cometer ese gran error de casarse con Miki? Por qué no fui capaz de decirle todo lo que sentía? Pero ya no podía hacer nada, todo había cambiado… todo menos mis sentimientos. Llevaba un mes casada, poco tiempo, pero el suficiente como para darme cuenta de que tenía que olvidarme de ella, hasta aquél fatídico día de viernes donde, sin cuento alguno, Flo pidió que nos besáramos. Es que le gustaba verme sufrir? Pero me aguanté, y, poniéndonos ante la mesa del plató de Otra Movida, mientras la cogía de la cintura, junté mis labios con los suyos. Ella me agarró de la nuca. Cuando nos separamos, antes de soltarla, le susurré ‘TE QUIERO’ al oído, cometiendo así un gran error.
El programa acabó. Era viernes y ella se iba a Mollet, así que no tendría mucho tiempo de hablar con ella, pero el poco que tenía lo aproveché al máximo. Fui a buscarla a su camerino, que se encontraba en frente del mío. Llamé y ella pronunció un entrecortado ‘Adelante’. Me preocupé, pues parecía que había llorado. Abrí la puerta, estaba desmaquillándose frente al espejo. Me miró. La miré a los ojos. Los tenía cristalinos, húmedos, llorosos. No pude hacer otra cosa que acercarme a ella y pegarle un buen achuchón, de esos que se necesitan de vez en cuando. Cuando nos separamos, me senté en el sofá que tenía en su camerino y ella se sentó en mi regazo. La abracé.
-Ey, Annita… qué pasa?
-Es Miki… dice que no le quiero, que he sentido algo más en el beso… y yo…
-Tú…?
-Creo que cometí un gran error cuando me casé con él…
-Sí… Pero eso lo dices ahora, ya verás como dentro de un tiempo…
-Dentro de un tiempo? – me cortó – Dani, yo no quiero a Miki, me casé con él porque no quería hacerle sufrir…
-Entonces habla con él y hazle entender lo que sientes y lo que piensas.
-Ojalá fuera tan fácil…
-Y por qué no lo es?
-Yo quiero a un chico… y ese chico… no sé si me quiere… parece que sí… pero no lo sé seguro…
-Pues dile a ese chico lo que sientes…
-Ese chico me está ayudando a sentirme mejor ahora mismo….
-Ah, sí? Y… ese chico… no será uno alocado… que hace el orco sólo para hacer reír a sus fans?
-Puede ser…
-Entonces… - dije rozando mis labios con los suyos – Ese chico también te quiere… y mucho.
-Sí?
-Sí… Y ahora ese chico te pregunta que si te apetece ir con él al cine.
-Pues dile a ese chico que yo encantadísima.
-Te paso a recoger a las 21.00, de acuerdo?
-Claro :)
-Recuerda que te quiero.
Me fui de su camerino, casi dando saltitos de alegría, estaba feliz, como algunos de esos hombres que se enteran de que van a ser padres, pues igual, o quizás más. Llegué a mi casa a las 18.30, me tiré al sofá, puse un poco la TV y después me fui a la ducha. Mientras el agua caía por mi cuerpo, provocando así una agradable sensación, pensaba en Anna y en lo que había pasado en su camerino. Nos habíamos confesado ambos, nunca pensé que se podría ser tan feliz al amar y ser correspondido. Al salir de la ducha, me puse una toalla negra alrededor de la cintura mientras iba al vestidor a elegir qué ropa ponerme para la ocasión. Y me decidí. Una camisa blanca, corbata negra, vaqueros negros y Converse rojas. Informal y moderno, como me gustaba. Me peiné como tanto me gustaba, con el pelo a lo loco, como en el programa, y me eché de mi colonia favorita, Gaultier 2. Me miré en el espejo. Presentable. Miré el reloj, aun quedaban 20 minutos para las nueve, pero decidí irme ya, tenía muchísimas ganas de verla.
Aparqué justamente en su portal, a 10 minutos de que se hicieran las nueve. No paraba de sonreír. Una sensación extraña, dueña de mi cara, jugaba todo el rato con mi sonrisa. Una sonrisa de felicidad. De esas que sólo salen en los momentos que nunca se olvidan, y que tampoco quieres que pasen. Esos momentos que te hacen ajeno a los problemas del mundo y que deseas que perduren hasta la eternidad. Simplemente, era feliz. Y entonces, sin quitar la sonrisa, la veo. Sale de su portal menos maquillada que en el programa, pero a mí poco me importa, sigue estando igual de guapa. Lleva el pelo liso. Una camiseta larga de I (L) NY con unos vaqueros y unos tacones que hacen que sea aún más perfecta. Y entonces, pensamientos. Terribles pensamientos que debían de llegar algún día. Qué pasará ahora? Cómo será nuestra vida a partir de ahora? Pero en cuanto la veo subir al coche, esos pensamientos desvanecen, y lo hacen para no volver nunca más. Rozo suavemente mis labios con los suyos, presionándolos suavemente unos segundos más tarde. Y me sonríe. Y le sonrío.
-Hola, estás… estás… preciosa.
-Gracias, tú también. :)
Y soy un poco más feliz al ver que se sonroja, y me responde. Sonrío feliz mientras conduzco, mirando atentamente la calzada por donde hay otros coches. Diferentes marcas, diferentes colores, diferentes modelos. Pero para mí sólo hay uno. Y también varios centenares de personas caminando por la calle, aprovechando estos últimos días que quedan de verano. Personas de diferentes razas, religiones, estilos, estatura, sexo, edad, profesión… Diferentes personas. Pero para mí sólo existimos dos. Anna y yo. Y vuelvo a mirarla mientras paro en un semáforo, ella mira contenta su iPhone 3G de carcasa rosa, carcasa que le regalé yo, hace un año, para su cumpleaños. Y vuelvo al sonreír al recordar aquella fiesta. Qué bien lo pasamos bailando y riendo juntos, mientras ella intentaba hacer alguna de sus imitaciones y yo contando chistes sin sentido, pero que le hacían reír. Y el semáforo vuelve al color verde. Ya nos queda poco para llegar al cine, lugar donde veremos una película, comeremos palomitas y seremos felices al estar el uno con el otro. Y entonces enciendo la radio, escucho Europa FM. Una canción lenta que Anna parece cantar con sentimiento mientras me mira de vez en cuando.
Llegamos al edificio, centro comercial Tres Aguas de Alcorcón. Aparcamos en el tercer sótano y la acompaño a dar un paseo por el edificio, antes de ir a las taquillas del cine. Veo como observa sonriente algunos escaparates de tiendas y luego entra a comprar prendas de ropa innecesarias, pero que le gustan. Mientras caminamos hacia las taquillas del cine, paso mi brazo por sus hombros a la vez que sonrío. Un grupo de chicas sonrientes se acercan a nosotros y nos piden fotos. Están ilusionadas. No se las niego, y poso con la mejor de mis sonrisas, esta vez verdadera. Nos despedimos de ellas y seguimos caminando. Anna canta la canción que escuchamos en el coche, en bajito. No lo hace tan mal. Llegamos, y pido dos entradas para ver ‘El Origen Del Planeta De Los Simios’, película que ella eligió. Compramos las palomitas, entramos a la sala y nos sentamos en los sitios que nos asignaron. Nos acomodamos, y ella apoya la cabeza en mi hombro. Le acaricio el pelo mientras hablamos de temas que nos hacen reír, y otros a veces discutir, hasta que comienza la película. Parece estar atenta a ella, mientras que yo sólo puedo pensar en Anna y en lo feliz que soy en ese momento.
Cuando la película acaba, vamos a cenar a un restaurante en el mismo centro comercial, y lo pasamos bien, sonriendo, riendo, haciéndonos carantoñas y entre diferentes palabras de amor. De vez en cuando le cojo la mano y se la acaricio, mientras la miro a los ojos. Esos pequeños ojos enamorados que me miran con felicidad. Acabamos de cenar, le pago al camarero y decidimos volver a Madrid. Me dice que aún no le apetece volver a casa, por lo nos vamos a dar una vuelta al parque del Retiro. Nos sentamos en el cesped, ligeramente iluminado con pequeños farolillos. Y nos decidimos a tumbarnos mientras nos hablamos. Decide abrazarme mientras apoya la cabeza en mi pecho, y le acaricio el pelo. Le hablo de momentos absurdos vividos con Flo, con Romi, con Moni… y ella hace lo mismo. Y reímos por tonterías, tonterías que nos hacen un poco más felices. Mi reloj pita unos minutos más tarde, avisando que son las doce. Y otros pensamientos nacen en mi mente. Pensamientos que me hacen volver a la realidad. Es viernes por la noche. Miki estará esperándola. Y dejo de sonreír por un momento. Hasta que la veo mirarme.
-Ya no sonríes…
-Es viernes por la noche…
-¿Y…?
-No te vas a Mollet?
-Este finde no, me quedo contigo.
-Me parece un plan perfecto.
Y ya sí que vuelvo a sonreír, y a ser feliz de verdad. Se levanta, me coge la mano para que siga sus pasos, y obedezco. Caminamos hasta mi coche. Montamos y comienzo a conducir. Ya no hay mucha gente por la calle, solamente jóvenes que parecen caminar hacia locales como Kapital. Y Anna vuelve a cantar otra canción que sale de la pequeña radio del coche. Y escucho atentamente cómo lo hace. Y vuelve a enamorarme su tonalidad. Sonrío. Y felices, llegamos hasta su casa. Paro en el lugar de antes. Antes de bajarse, me mira.
-No quiero que te vayas…
-Mañana paso a buscarte por la mañana, vale?
-Quédate a dormir…
-… Está bien
Aparco bien, y subimos a su piso. Ha cambiado un poco desde la última vez que estuve. Nos sentamos en el sofá, abrazados. Hace demasiado calor, y pido desesperado quitarme la camiseta. Acepta encantada. Hay un momento en que nos miramos a los ojos mientras la TV suena sin que le prestemos atención. Sonrío mientras le acaricio suavemente el pelo que tiene por la mejilla, apartándolo levemente y colocándolo detrás se su oreja. Entonces, dudando un poco, me acerco a sus labios. Los rozamos ligeramente. Giro la cabeza hacia la derecha para evitar que mi nariz choque con la suya. Y presionamos nuestros labios, mientras sonreímos interiormente. Nuestro beso es dulce, con amor, pero se va convirtiendo en uno apasionado, muy apasionado. Y ese beso hace que nos levantemos y vayamos caminando hacia su habitación, intentando no crear una distancia entre nuestras bocas. Llego y observo la cama, que me obliga a empujarla suavemente sobre ésta. Y me pongo encima de ella, mientras seguimos besándonos, con pasión. Y me acaricia la espalda, mi camisa le molesta, por lo que me la quita. Y yo le quito la suya. Y poco a poco, nos desvestimos mutuamente, y nos movemos sobre la cama, hasta quedar desnudos, bajo las sábanas de franela blancas que cubren su colchón de biscoelástica. Y mientras nos besamos lujuriosos, deseándonos el uno al otro, me deslizo suavemente sobre ella. Uniendo nuestros cuerpos, somos felices. Nuestros cuerpos se mueven acompasados el uno del otro. Pasa un tiempo, un tiempo en el que ambos disfrutamos plenamente, y me estiro a su lado, abrazándola por la cintura, fuerte. Me hace muy feliz estar así con ella, pero sé que estamos haciendo mal, y le estamos haciendo mal a Miki. Pero me autoconvezco de que estoy con ella, y me olvido de los problemas del mundo. Abrazados, desnudos, sonrientes, observamos el cielo de Madrid por su ventana, mientras una tenue luz ilumina nuestros cuerpos, dibujándolos entre la oscuridad, como pequeñas siluetas secundarias de un cuadro de Velázquez, que casi no se ven, pero que son imprescindibles en la historia de éste. Y, ajenos a los problemas del mundo, a las guerras innecesarias, nos amamos de nuevo, besándonos con amor y abrazándonos, poseyendo cada uno el corazón del otro. Y, mientras le acaricio el pelo que cae sobre su espalda, hablo de nuevo.
-Eres preciosa.
Y, al rato, nos dormimos, felices el uno con el otro, abrazados, sin ser conscientes de que, esa noche, nuestra vida ha cambiado por completo.
Abro los ojos sin ser consciente de los incandescentes rayos de luz que entran por la ventana y que penetran fuertemente en mis ojos, molestándome gravemente en estos. Y recuerdo la tarde y la noche anterior. Todo lo que pasó entre nosotros. Y los malos pensamientos inundan de nuevo mi mente. Qué pasará a partir de ahora? Dejará Anna a Miki por mí? Pero la veo acariciarme por debajo del ombligo con el dedo índice, por lo que mis pensamientos se vuelven a ir y le acaricio el pelo, dejando, más tarde, mi mano reposar sobre su espalda desnuda. Noto como sonríe, y sonrío yo también. Al fin soy feliz de verdad. Estamos juntos, como amantes, pero lo estamos.
-Buenos días Dani :)
-Buenos días princesa, qué tal?
-Contigo genial…
Me abraza más fuerte y vuelvo a sonreír. Me da un dulce y efímero beso en el pecho y se incorpora. Entonces, se da cuenta de que estamos totalmente desnudos. Y al incorporarse, se sonroja.
-Por qué te sonrojas al saber que te veo desnuda?
-Me da vergüenza =$
-No seas tonta, no tiene por qué ser así… Tienes un cuerpo perfecto.
-En serio?
-En serio.
Y levanta la cabeza con el fin de llegar a mis labios, lo consigue y me besa. Un beso esperado desde hace tiempo. Y momentos también esperados. Amanecer juntos, hacer el amor mientras nos besamos, salir al cine, pasear por el Retiro de la mano y cantar canciones al unísono. Y la observo mientras se levanta para vestirse. Y se va al baño. Me quedo pensando, otra vez, en el futuro. Un futuro que esperas que sea feliz, de esos que has deseado siempre. Y a veces Dios ayuda, pero otras veces no. En mi caso estaba de suerte, lo que pasa que aún no era consciente de la situación. Y la veo venir envuelta en una toalla, con el pelo goteando sobre sus hombros, despeinado. Sonrío. Coge el reloj que tiene en la mesilla y las sandalias que descansan bajo la cama. Me obliga a levantarme. Me extiende su mano derecha para ayudarme, y me ayuda. Al ponerme en pie, me pongo los calzoncillos y voy al baño. Me peino y me lavo la cara. Y cuando llego al salón, está vestida y tengo el desayuno preparado. Entonces imagino un futuro. Un futuro junto a ella. Posibles niñas pidiendo desesperadas que las ayudemos a ponerse el uniforme del colegio. Llegar a casa después de un duro día de trabajo y encontrarte con la cena hecha. Pequeños momentos felices que aún no han sucedido pero que ansias porque pasen. Y una sonrisa tonta que se forma en mi boca provoca que ella se me quede mirando. Pregunta por mi estado de ánimo. Pregunto por el suyo, segundos después. Y respondemos lo mismo. Me visto y me dispongo a salir de su casa. Me agarra por la cintura deseosa de que permanezca ahí, todo el día, con ella. Aún sabiendo que minutos después volveré, no me dejar ir. Pero no cedo a que me acompañe. Y se aguanta, parece cabreada. Pero sé que no lo está.
Llego a casa. Me ducho, me peino, y me visto. Y me vuelvo a echar de esa colonia que tanto le gusta a ella. Entonces, recuerdo algo que tenía que darle por su cumpleaños. Se me pasó y no se lo di. Obtuvo todos mis regalos menos ése. Y lo cojo feliz, deseoso porque lo vea. Y vuelvo a bajar al coche. Conduzco hasta su casa. Cuando abre la puerta y me ve, se tira hacia mí ilusionada. Nos besamos dulce y cariñosamente, y vamos hacia el salón. Le ofrezco sentarse en el sofá, a mi lado, mientras me mira feliz. Le doy el regalo que tenía escondido a mis espaldas. Sonriente, lo abre. Un osito de peluche que pone ‘Te Quiero’. Y recuerdo la semana pasada. Cuando solamente éramos amigos. Esas palabras que sonaban sin sentido alguno. Que se sienten sin querer. Y me doy cuenta de que hablo del AMOR. Letras que forman un mensaje. Letras que forman un sentimiento. Y que, antes, se pronunciaban sin sentido, sin saber cuál era su verdadero significado. Pero yo lo sé. Y me siento afortunado. Si dicen que la humanidad no ha conseguido llegar a la completa felicidad, yo soy el que más cerca está. Amarla a ella, y que sea correspondido. Eso me hace olvidarme de problemas anteriores, problemas que se formaban sin sentido, y que ahora han desaparecido. Entonces, vuelvo a verla en momentos felices, mientras observa sonriente su regalo, sin ser consciente de mis pensamientos. Momentos de la tarde y la noche anterior. En su camerino, en el coche, en el cine, en el restaurante, en el Retiro, en su casa. Y me mira con esa mirada que pocos tienen y muchos desean. Una mirada de complicidad absoluta, de felicidad. De agradecimiento y afirmación. Una mirada enamorada. Una simple mirada que hace que, dudosamente, acerque mi cabeza a la suya. Parándola a unos milímetros de su boca, observo como tiene los ojos cerrados y se muere el labio inferior esperando a que se junten con los míos. Y doy el paso que falta, y se rozan. Un roce cálido. Roce de amor. Y, al separarme, veo cómo algunas lágrimas caen de sus ojos, velozmente corren por sus mejillas, para finalmente acabar su recorrido al final de su cara, o en la comisura de sus labios. Me sonríe. Y la pregunta que tiene esa respuesta. Ésa tan esperada y ansiada. Respuesta que me hace un poquito más feliz.
-Por qué lloras?
-Porque no puedo ser más feliz.
Y recuerdo aquella frase de aquel libro que leí hace unos años. ‘No se sabe de qué se llora hasta que te consuelan’. Y ahora es cuando de verdad entiendo su significado. Tiene razón. Le seco las lágrimas con mi pulgar, rozándolo suavemente con su mejilla. Parece tan frágil y delicada como una muñeca de cristal, que, al mínimo movimiento, se rompe el mil pedacitos que ya no se vuelven a reconstruir. Y otros pensamientos que nacen sin piedad en mi mente. Qué pasará cuando todo acabe? Y si nuestro amor se destruye como la muñeca antes mencionada? … Pero sé que eso nunca pasará. Siempre estaremos juntos. Por muchos impedimentos que tenga nuestra relación, seremos capaces de superarlos. Y sonrientes, nos abrazamos de nuevo. Susurro un ‘te quiero’ en su oído, haciéndola estremecer. Me responde. Y entonces comprendo que sí, soy muy afortunado… y estoy enamorado.  

martes, 16 de agosto de 2011

Capítulo 9 - ¿Dejarías a Lara por mí?


                Me miró a los ojos, sonrió, me dio un pico y se fue. Me quedé quieto, en la calle, sin saber qué hacer. Miré el móvil. De fondo una foto mía con Lara. Decidí subir al apartamento para hablar con ella. Llegué y aún seguía durmiendo. Me tiré en el sofá y encendí la TV. Recibí un SMS.
‘Ya te echo de menos, te quiero’
                
Sonreí y contesté.

‘El lunes vuelvo a Madrid. Llámame si quieres’
              
  Tiré el móvil contra el sofá. Era feliz. Volvíamos a estar juntos. Al rato recibí su llamada.

-Hola :)
-Dani, queda mucho para el lunes…
-Jajaja no pasa nada, no te preocupes princesa
-Aún no he cortado con mi novio… ¿y tú?
-Yo… no…
-Joder Daniel…
-Es que está durmiendo, pero no te preocupes, que en cuanto se despierte se lo digo
-¿Y por qué no quedamos esta noche?
-¿Los cuatro?
-Claro, una cena de ‘parejas’
-Bueno… es que no sé…
-Por favor…
-Está bien…
-Hasta luego
-Adiós…
              
  Colgué el teléfono. Fui hasta la habitación y me acosté abrazando a Lara. Al poco tiempo, me quedé dormido, no quería pensar en nada. Escuché unos susurros en mi oído, era ella.

-Dani… Dani, amor… es tarde…
-Mmm…
-Venga, cari, que es tarde y luego esta noche me dirás que nos vayamos de fiesta…
-Mmm… buenas tardes, cari :)
-Buenas tardes jajaja – rió
               
Me desperecé, la abracé, la tiré conmigo a la cama y nos besamos. Después nos quedamos abrazados, un buen rato.

-Cari, antes me ha llamado Anna, la que era mi amiga… y me ha preguntado que si podíamos quedar esta noche los cuatro…
-¿Los cuatro?
-Sí, con su novio, para ir a cenar…
-Ah, vale :)
-¿Sí?
-Claro, ella es tu amiga, o era tu amiga, y para que veas que no soy una novia posesiva y celosa…
                
Sonreí y la besé. Era muy buena chica, pero yo en realidad no estaba enamorado de ella. Me daba pena porque sabía que le iba a hacer daño y no se lo merecía, se había portado genial conmigo desde que salí del hospital.
                
Por la tarde, a eso de las 20.30, comenzamos a prepararnos. Ella sabía que yo odio la impuntualidad, por lo que se dio prisa. Decidí ponerme unos vaqueros negros, una camisa blanca y mis Converse rojas, mientras que ella se decantaba por un vestido azul oscuro de palabra de honor y unos zapatos del mismo color.

-Qué guapo, cariño – me dijo viniendo hacia mí
-Tú sí que estás guapa – la abracé y la besé
                
Un rato después, fuimos hacia el restaurante. Al mismo tiempo que nosotros llegaron Anna y su novio. Anna y yo nos miramos a los ojos, esboza una leve sonrisa pero yo decido abrazar a Lara. Me mira extrañada y besa a su novio. Lara y yo decidimos entrar al restaurante.

-Oye, cari – me dice Lara susurrando – Tu amiga… es un poco posesiva con su novio, ¿no?
-Déjala cari, así no vendrá hacia mí y podré estar todo el rato contigo – sonreí
                
Al poco tiempo, estábamos mirando qué tenían para cenar en el restaurante. Lara y yo pedimos lo mismo, carne de buey con patatas, y Anna y su novio unas ensaladas.

-Y vosotros, ¿cuánto lleváis? – preguntó Anna, dejando ver sus celos claramente
-6 meses – dije sonriente – Y vamos a durar mucho más
-Nosotros llevamos 3 mesecitos nada más…
-Pero se os ve felices – dijo Lara – Anna, por lo poco que Dani me ha hablado de ti, pareces buena chica
-Gracias… a mí nunca me habló de ti, bueno, no sé si te habrá contado todo lo que nos pasó…
-Sí, me lo contó todo. Lo que no sé es por qué te distanciaste de él cuando salió del coma, no sé, cuando más te necesitaba quiero decir…
-¿Necesitarme? Si el que me mandó a la mierda fue él…
-Es cierto – dije – Estaba frustrado conmigo mismo y la mandé a la mierda…
-Lo importante es que os llevéis bien, habéis compartido mucho juntos y eso no se debe dejar en el olvido – dijo Lara
               
Me quedé muy sorprendido con las palabras de Lara. Era muy buena chica, me iba a dar mucha pena dejarla, pero al menos intentaría tenerla como amiga. Pero a la vez observaba muchas miraditas entre ella y el novio de Anna, el cual se llamaba Jorge.

-Y Jorge, ¿Lara y tú os conocéis?
-Sí, somos amigos desde la infancia
-Ah, ya decía yo que no parabais de miraros…
-¿Estás celoso, cari? – me preguntó Lara abrazándome
-Pues… un poco…
-Tranquilo, amor, yo te quiero a ti, sólo a ti – nos besamos
-Ejem… - carraspeó Anna – Yo… voy al baño – me pasó un papel por debajo de la mesa
                
Me quedé extrañado y mientras Lara y Jorge compartían una conversación de cuando eran niños, leí el papel.

‘No te entiendo, nos hemos besado antes y ahora pasas de mí. Te espero en el baño, son mixtos.’
               
Me levanté y fui donde estaba Anna. Estaba apoyada en la pared y me miraba con mala cara.

-¿Qué querías decirme?
-Que estoy harta, Dani. Antes nos hemos besado, me dices que me quieres y ahora pasas de mí… Yo… no sé qué pensar de ti.
-Piensa lo que quieras, Annita, tú sabes que te quiero, pero Lara es muy buena chica y me da pena dejarla.
-Dani, ¿dejarías a Lara por mí?
              
  BEP, BEP, BEP, BEP…
               
El molesto pitido de la alarma del móvil me despertó de mi sueño. Giré la cabeza hacia los lados, no había nadie conmigo. Miré el móvil. 8 de Agosto de 2011. Pensé un poco. Comenzaba nuestro ‘nuevo’ programa, Otra Movida, en Neox. Bueno… no era un programa nuevo, era Tonterías Las Justas con nuevas cosas, quitando el Ranking y otras secciones, pero me parecía bien.
             
   Dos horas después, llegué al plató, se encontraba en el mismo lugar, C/Alcalá 518. Fuera estaban Anna, Flo, Cristina y Raúl, hablando, por lo que supuse que era el último en llegar, como en TLJ. Pero en TLJ tenía excusa, la radio, mientras que ahora no.

-Buenos días, Martínez – me saludó Flo sonriente
-Buenos días chicos :) – dije sonriente
-¿Qué tal? ¿Con ganas?
-Muchas ;) – miré a Anna, estaba un poco distante conmigo – Oye, Anna, ¿te pasa algo conmigo?
-No, nada… no te preocupes… - sonrió amargamente
                
‘¿Qué le pasará?’ – me pregunté. Y seguí hablando con mis compañeros, haciendo tonterías y comentando cosas del guión. 

sábado, 13 de agosto de 2011

Capítulo 8 - Nunca Has Dejado De Quererme -

-Una amiga… bueno… ex amiga… y también ex novia… no sé, una historia muy larga de contar
-Cuéntamelo, por favor…
-Verás, hace tres años ella y yo comenzamos a salir, pero al mes o así le puse los cuernos. Ella no me lo perdonó, volvimos a trabajar juntos, y el día de San Valentín hablamos. Volvimos a ser amigos, ella dice que nunca podrá perdonarme, y a los dos meses se quedó embarazada de su novio, que la dejó, y me ofrecí como padre del niño. Pero el día que se enteró de que era niña lo que esperaba, tuvimos un accidente y perdió el bebé… Salí del coma dos meses después, y la mandé a la mierda… 9 meses sin saber nada de ella y vuelve a aparecer ahora…
-Vaya… Dani yo… - se le cortó la voz – Yo… no quiero perderte…
                Me abrazó y la besé, un beso sincero. Era feliz con ella.
-No me vas a perder, tranquila…
                Nos tumbamos en la arena y nos abrazamos un rato, después recogimos todo y nos fuimos a la casa de sus padres a comer. Me cayeron muy bien, y luego fuimos a su casa para echar una siesta. Nos tumbamos en la cama y se durmió abrazada a mí. Le acariciaba el pelo, pero a la vez pensaba en Anna, no podía parar de pensar en que era feliz con su novio, ya sí que nunca volvería conmigo, cosa que me puso bastante celoso. Recibí un SMS suyo.
“Dani, soy Anna. ¿Te importa si quedamos en una hora?”
                No sabía qué decirle. En una hora seguramente Lara seguiría durmiendo, y no quería despertarla… Acepté.
“Está bien… O mejor ahora, Lara está durmiendo y tardará en despertarse”
                En dos minutos ya tuve su respuesta afirmativa, me puse una camiseta y unos pantalones y bajé al portal a esperarla. Venía sola. Nos miramos a los ojos, me moría por besarla, pero no era lo correcto, ella no me había perdonado y ambos teníamos pareja. Ahí fue cuando me di cuenta de que seguía amándola.
-Hola…
-Hola, Anna.
-Dani… tenemos que hablar… lo sabes, ¿verdad?
-Sí, lo sé.
-¿Por qué me mandaste a la mierda cuando despertaste del coma?
-No me hagas responderte eso, Anna.
-Sé que fue la tensión del momento y que no lo decías en serio.
-Hazme caso de que lo decía totalmente en serio.
-Dani… te he echado de menos todo este tiempo, te lo dije antes y te lo repito ahora…
-Yo también, pero no creo que este sea el momento y el lugar apropiado para hablar de eso
-¿Y cuándo lo será, Dani? Ya no trabajamos juntos, ya no vivimos en la misma ciudad… Yo no puedo seguir así, yo necesito a mi amigo loco que se ofreció a ser el padre de mi hija, yo necesito al chico que cada mañana me da un beso en la mejilla y un abrazo antes de empezar cada programa… Yo necesito al chico que me hizo sonreír hace 3 años… Yo… te necesito – dijo mientras algunas lágrimas recorrían su cara
-Anna yo… - no podía verla así – No sé si esto es lo correcto, pero es lo que siento…
                Me miró a los ojos, la miré. Le cogí el cuello suavemente con la mano izquierda, me fui acercando lentamente a ella, pero me paré, dudando un poco. Ella tenía los ojos cerrados, yo los entorné. Acerqué mi boca otro poco y nuestros labios se rozaron. Los presionamos. Pasó sus manos alrededor de mi cuello y yo puse las mías en su cintura. Entreabrí mi boca, dejé paso a que nuestras lenguas se rozaran, chocándose en un mismo punto, entrelazándose, moviéndose con parsimonia, al compás de un vals de primavera. Nos separamos, y nos miramos a los ojos. Sonreímos. Acerqué mis labios a su oreja, susurrando, y le dije:
-Nunca has dejado de quererme

viernes, 12 de agosto de 2011

Capítulo 7 - Te He Echado De Menos -

-Lara… Lara cariño, despierta… - dije dando un beso en la cabeza a la chica que dormía abrazada a mí
-Mmm…
-Venga cariño, hoy hacemos 6 meses, recuerda que nos tenemos que ir a Gijón
-Sí… vamos
              
Nos dimos un beso y fuimos a desayunar, como siempre, entre carantoñas, tonterías, algunas imitaciones mías, y palabras de cariño. Hacíamos seis meses juntos, seis meses de felicidad, de olvidarme de tonterías… seis meses felices para mí. Nos conocimos cuando yo salí del hospital después del accidente, del cual hacían ya 10 meses. Nueve meses desde que no había visto a saber nada de Anna. Lo había pasado mal, pero con Lara conseguí olvidarla.
              
Unas horas después, ya estábamos camino de la playa en Gijón. Habíamos pasado la noche en León, en casa de mis padres, y nos íbamos una semanita a Gijón, con los suyos, quería conocerlos. Llegamos a su casa, cogimos un par de toallas, una sombrilla y un poco de dinero y nos fuimos hacia la playa más lujosa de la ciudad. Estiramos las toallas en la arena y ella se fue a dar un baño. No entendía cómo se daba baños, el agua estaba helada, yo no la soportaba.
              
Entonces, casi que para mi desgracia, se me ocurrió girar la mirada hacia la izquierda, y deseé no haberlo hecho. Vi una chica rubia, no muy alta, acompaña de un tipo tampoco muy alto, con el pelo rizado y besándola cada dos por tres. Me quité las gafas y la chica se giró. Nos quedamos mirando un momento, apenas segundos, pero un momento intenso. ‘No había más playas en España’, pensé. Era Anna. Dio un beso al que parecía ser su novio y se acercó a mí. Me volví a poner las gafas y miré hacia otro sitio.

-La gente educada saluda y no manda a la mierda a una persona después de salir del coma
-Una persona normal me hubiese dado una hostia cuando desperté del coma y no lo hizo
-¿Y por qué debería de darte una hostia?
-Venga, no me digas que lo has olvidado.
-Pues no, no lo he olvidado, y sigo preguntándome por qué tuviste esa reacción.
-Te hice perder a tu hija, ¿recuerdas?
-Sí, recuerdo, pero es que yo he aprendido a perdonar, no como otros imbéciles…
-Yo seré imbécil, pero soy coherente. Nunca perdonaría a la persona que, primero, me pone los cuernos, y, luego, me hace perder a mi hija.
-Te recuerdo que aún no te he perdonado que me pusieras los cuernos
-Pues qué raro, chica, porque ponerte los cuernos no es nada comparado con haberte hecho perder a tu hija…
                Nos quedamos un rato callados.

-¿No piensas decir nada? – pregunté
-¿Qué quieres que te diga, Daniel? Si ya lo has dicho todo tú, y tienes razón… Y bueno, veo que no ha sido bueno el que nos volviéramos a ver… por mucho que me joda – esto último lo dijo en bajo
-¿Qué? No te he entendido…
-Que te he echado de menos, Daniel, mucho…
               
Lara vino conmigo, nos besamos y Anna se fue. Me quedé pensando un buen rato mientras Lara me hablaba, pero no hacía caso de sus palabras, y creo que se dio cuenta.

-Dani…
-Dime cari
-¿Quién era esa chica?

jueves, 11 de agosto de 2011

Capítulo 6 - Ha Sido Mi Culpa -

Pasó un mes de aquel día que cambió mi vida por completo. Bueno… tanto no. Anna rechazó mi propuesta de que volviéramos a estar juntos a pesar de todo lo que le había pasado, pero sí que iba a ser el padre del niño que esperaba. Ella lo asimilaba todo medianamente bien, el embarazo no le estaba dando ningún problema y estaba contenta. Intentaba no pensar en su ex. Ya había cogido la baja en el programa y estaba de lo más cariñosa conmigo, igual que yo con ella, pero solamente como amigos, por mucho que eso me jodiera.
                Era 20 de Mayo, tenía la ecografía de los tres meses. Estaba ilusionada, pues si el feto estaba bien colocado se podría saber si era niño o niña. Ella quería una niña, a la que había pensado llamar Lluch, y si era niño, Daniel. Ese detalle me gustó, saber que pensaba en mí y que, al menos, le gustaba mi nombre.
                Llegamos al hospital 10 minutos antes de que la llamaran, estaba bastante nerviosa. Me pidió por favor que la acompañara, no pude rechazar la oferta, pues, al fin y al cabo, también era mi hijo, no biológico, pero lo era. Yo también estaba nervioso.
-Dani, tranquilízate, la que tiene que estar nerviosa soy yo
-Ya – reí – Pero bueno, es mi hijo también, ¿no?
                Sonrió y me abrazó al escuchar esas palabras. Al poco tiempo, entramos en la consulta. Había una médica joven y atractiva, morena, de ojos bonitos, en cuya tarjeta estaba escrito el nombre de Lara Álvarez. Me miró a los ojos y sonrió. Yo también sonreí, y noté algo por dentro, pero no quise pensar en eso. Anna se tumbó en la camilla, se levantó un poco la camiseta, me puse a su derecha y le cogí la mano. La médica le echó un líquido y comenzó a mover la máquina de las ecografías por su barriga.
-Mira, Dani, ¿ves el bebé?
-Sí…
-¿Se puede ver si es una niña o un niño? – preguntó Anna curiosa
-Pues… tiene toda la pinta de ser una niña… - movió la máquina un poco a la izquierda – Sí, una niña – sonrió - ¿Y de cuánto estás?
-Unas 13 semanas
-¿13? Pues parece más… unas 16 o así
-Vaya…
-Pero no te preocupes, que eso no es malo.
-Está bien…
                Al rato, salimos del hospital y fuimos hasta el coche. Anna estaba súper contenta con ‘su niña’, y me abrazó antes de entrar al coche. Le di un beso en la mejilla y la apreté fuerte y con cuidado contra mí.
-¿Estás contenta? – le pregunté
-Mucho – dijo feliz – Una niña…
-Lo que querías
-Sí…
-¿Y cómo tienes pensado llamarla?
-Pues ya te lo dije Dani, quiero llamarla Lluch… un nombre valenciano.
-Es bonito.
-Sí…
                Nos montamos en el coche. El hospital se encontraba a media hora del plató. Mientras conducía por la M-40, me llamaron al teléfono. Anna me miró, la miré, me pidió que no lo cogiera, pero así lo hice. Era Flo, preguntándome cosas sobre el guión del día y sobre la ecografía de Anna. En un momento me despisté, no reaccioné, me vi contra el pequeño muro del arcén, estaba en shock, solté el teléfono. Intenté hacer una maniobra para que no pasara nada, pero dimos unas 3 vueltas de campana con el coche…
* * * * * *
Desperté en una habitación blanca, la luz me molestó un poco los ojos. Me dolía ligeramente la cabeza y tenía el brazo derecho completamente inmovilizado. Giré un poco la cabeza a la derecha y estaba mi madre, que, sonriente, se tiró a abrazarme, y a los dos minutos vino con una enfermera. Me sonaba de algo, no sabía de qué. También me dolía bastante el pecho. Me quitó un tubo que pasaba por mi boca hasta dios sabe dónde, y me incorporó en la cama.
-Daniel, hijo, menos mal que despertaste, ya pensaban que no salías de ésta…
-¿Mamá?... ¿Qué… qué hago aquí?... ¿Y Annita?... ¿Y el bebé?...
-Hijo, llevas aquí dos meses… Desde el accidente… Anna está bien, le dieron el alta hace tres semanas y ha venido a verte cada día… Y el bebé… - se quedó callada
-Mamá, ¿qué ha pasado con el bebé?
-Perdió el bebé…
                En aquel momento, me sentí como una mierda, por milésima vez en dos años. No me apetecía hablar de nada. Hice que Anna perdiera a su niña en un accidente, del cual la culpa es mía. Al rato, apareció en la puerta. La miré a los ojos, me miró. Sonrió y se acercó a mí.
-¿Por qué sonríes?... ¿Qué haces aquí?...
-Dani, sonrió porque estás bien, lo he pasado muy mal este tiempo sin ti dándome la turra cada minuto diciéndome que me cuide y eso…
-Pero… has perdido el bebé… deberías… odiarme…
-No, no te odio, Dani. Los accidentes son cosas que pasan.
-Pero yo tuve la culpa…
-No.
-Sí, Anna, sabes que sí. Tú me dijiste que colgara el teléfono y no lo hice, no presté atención a la carretera y tuvimos el puto accidente… Ha sido mi culpa.
-¡He dicho que no, Dani!
-Vete, por favor…
-¿Qué?... No… no lo dices en serio, ¿no?
-Vete… Anna joder, vete… ya… por favor

Capítulo 5 - Ésta Es Nuestra Oportunidad -

Pasaron dos meses desde que Anna y yo nos ‘reconciliamos’, por decirlo de alguna manera. Éramos muy amigos, y ella me había dejado muy claro que no quería nada conmigo, que no me iba a perdonar nunca, y yo la entendía. Pero yo seguía muy enamorado de ella. Desde que le puse los cuernos, no había vuelto a acostarme con ninguna mujer.
                Aquel 18 de Abril llegué al programa como siempre, peleándome con el cable de los auriculares del iPhone mientras la buscaba con la mirada. Solamente vi a Flo fuera. Era raro, ella llegaba antes que yo de siempre y me esperaba fuera.
-Flo, ¿y Annita?
-Me ha llamado, dice que no se encuentra bien y hoy no vendrá al programa.
-Ah, vale.
-Podrías ir a verla.
-¿Ahora?
-Claro.
-Está bien.
                Volví al coche y me acerqué a su casa. Llamé al timbre.
-¿Sí? – tenía la voz rota, como si hubiese llorado
-Anna, soy Dani, ¿puedo entrar?
-Claro…
-¿Te pasa algo?
-No, sube.
                No me quedé muy convencido y subí rápido. Vivía en un sexto, y el ascensor estaba estropeado. Llegué un poco cansado hasta su rellano y toqué la puerta. Me abrió. Nos quedamos mirándonos a los ojos unos segundos, hasta que me abrazó llorando. Le di un beso en el cuello y fuimos hasta el sofá. Me senté y la senté en mi regazo. La abracé.
-¿Qué te pasa, cuqui?
-Dani… ¿recuerdas que te conté que tenía novio y eso?
-Claro, me dijiste también que estabais pensando en tener hijos y eso…
-Pues… joder, no sé cómo explicarte esto…
-Dímelo
-Me enteré hace una semana de que… estoy embarazada… y se lo dije y… se fue
                Me quedé en shock. No sabía qué decir ni qué hacer. Estaba embarazada y su novio la había dejado, sola, sin apoyos. Le pregunté lo primero que se me vino a la cabeza, cometiendo así un gran error.
-Y… ¿qué dice tu familia?
-No lo saben…
-¿Y qué vas a hacer tú?
-Lo voy a tener…
-¿Estás segura?
-Sí… a ver, sé que estando sola no va a ser fácil, pero tengo a mi familia y mis amigas… y… pues crecerá sin padre… pero yo quiero tener este niño…
-Anna yo… es que… joder…
-¿Qué pasa?
-No… nada… que… yo… me tengo que ir… luego… te llamo… o vengo a verte, ¿vale?... A… Adiós
-Adiós.
                Me fui de su casa rápido y monté en el coche. Me volví a sentir como cuando le puse los cuernos, como si la estuviera fallando. Conduje hacia el plató. Flo seguía fuera. Se acercó a mí y me preguntó.
-¿Cómo está?
-¿Qué cómo está? Si te cuento que el hijo de puta de su novio la ha dejado embarazada y se ha fugado, ¿cómo crees que está?
-Que… ¿qué?... Joder…
-Y yo… no sé qué hacer…
-¿Cómo que no sabes qué hacer?
-Que no sé qué hacer, Flo, no lo sé…
-¿A qué te refieres?
-Pues que puedo ayudarla con todo, ser el padre de ese niño… O puedo pasar de todo, dejarla sola y actuar nada más que como amigo…
-Sé el padre de ese niño.
-Pero… ella… no aceptará mi ayuda…
-Quién sabe, quizás sí.
-¿Después de todo lo que pasó?
-¿Tú crees que con la que se le viene encima estará pensando en ti y en lo que pasó hace dos años?
-Pues…
-Dani, si te ofreces, ella te dirá que sí encantada… Ahora sólo pensará en su hijo, en el futuro de su hijo… Todo niño necesita un padre, y tú vas a ser el padre de ese niño.
-Yo no seré buen padre.
-¿Alguna vez lo has intentado?
-No…
-Entonces, ¿qué cojones dices? Dani… vuelve a su casa, abrázala como si te fuera la vida en ello, y díselo.
-¿Ahora? Si no… si no hay tiempo.
-Sí lo hay. Ve por favor… Ella es como mi hija… y no quiero verla sufrir.
                Miré a Flo, volví al coche y volví a su casa. Estaba nervioso. No sabía cómo se iba a tomar mi propuesta de ser el padre de ese niño. Había dos opciones: que se lo tomara bien y volviéramos a ser la pareja que éramos antes… o tomárselo mal y mandarme a la mierda.
                Cuando llegué a su portal estaba abierto, así que sólo toqué el timbre cuando estaba en la puerta de su casa. Me abrió. Ya no lloraba, pero se notaba que estaba mal. La abracé y entré. No nos sentamos.
-Anna… yo… he venido a decirte que… ese niño se merece un padre y… tendrás que enseñarme… pero… yo seré el padre de ese niño… Le cuidaremos los dos juntos… si es niño le enseñaré a jugar al fútbol y al baloncesto… Por favor…
                Me miró un buen rato, con la cara inexpresiva, mientras algunas lágrimas, menos que las que antes había visto, caían de sus ojos. Me abrazó fuerte.
-Dani… gracias… en serio… es que no sé cómo agradecértelo…
-No me tienes que agradecer nada.
-Dani, sí, te has metido en un problema, en MI problema...
-¿Y qué? No me tienes que agradecer nada Annita, sabes que haría cualquier cosa por ti… Además…
-Además… ¿qué?
-Esta es nuestra oportunidad
-¿De qué?
-De volver a estar juntos.