Hola :)
Bueno éste es un pequeño relato que no tiene nada que ver con la historia pero que me gustaría que leyerais y opinarais sobre él. Se aceptan críticas tanto buenas como malas, ya sean constructivas, y objetivas. Gracias a todos los lectores!
Att. Espe
PD-La idea me la dio mi gran amiga Cris ;)
Gilipollas. Eso es lo que era, un auténtico y gran gilipollas. Por qué la había dejado cometer ese gran error de casarse con Miki? Por qué no fui capaz de decirle todo lo que sentía? Pero ya no podía hacer nada, todo había cambiado… todo menos mis sentimientos. Llevaba un mes casada, poco tiempo, pero el suficiente como para darme cuenta de que tenía que olvidarme de ella, hasta aquél fatídico día de viernes donde, sin cuento alguno, Flo pidió que nos besáramos. Es que le gustaba verme sufrir? Pero me aguanté, y, poniéndonos ante la mesa del plató de Otra Movida, mientras la cogía de la cintura, junté mis labios con los suyos. Ella me agarró de la nuca. Cuando nos separamos, antes de soltarla, le susurré ‘TE QUIERO’ al oído, cometiendo así un gran error.
El programa acabó. Era viernes y ella se iba a Mollet, así que no tendría mucho tiempo de hablar con ella, pero el poco que tenía lo aproveché al máximo. Fui a buscarla a su camerino, que se encontraba en frente del mío. Llamé y ella pronunció un entrecortado ‘Adelante’. Me preocupé, pues parecía que había llorado. Abrí la puerta, estaba desmaquillándose frente al espejo. Me miró. La miré a los ojos. Los tenía cristalinos, húmedos, llorosos. No pude hacer otra cosa que acercarme a ella y pegarle un buen achuchón, de esos que se necesitan de vez en cuando. Cuando nos separamos, me senté en el sofá que tenía en su camerino y ella se sentó en mi regazo. La abracé.
-Ey, Annita… qué pasa?
-Es Miki… dice que no le quiero, que he sentido algo más en el beso… y yo…
-Tú…?
-Creo que cometí un gran error cuando me casé con él…
-Sí… Pero eso lo dices ahora, ya verás como dentro de un tiempo…
-Dentro de un tiempo? – me cortó – Dani, yo no quiero a Miki, me casé con él porque no quería hacerle sufrir…
-Entonces habla con él y hazle entender lo que sientes y lo que piensas.
-Ojalá fuera tan fácil…
-Y por qué no lo es?
-Yo quiero a un chico… y ese chico… no sé si me quiere… parece que sí… pero no lo sé seguro…
-Pues dile a ese chico lo que sientes…
-Ese chico me está ayudando a sentirme mejor ahora mismo….
-Ah, sí? Y… ese chico… no será uno alocado… que hace el orco sólo para hacer reír a sus fans?
-Puede ser…
-Entonces… - dije rozando mis labios con los suyos – Ese chico también te quiere… y mucho.
-Sí?
-Sí… Y ahora ese chico te pregunta que si te apetece ir con él al cine.
-Pues dile a ese chico que yo encantadísima.
-Te paso a recoger a las 21.00, de acuerdo?
-Claro :)
-Recuerda que te quiero.
Me fui de su camerino, casi dando saltitos de alegría, estaba feliz, como algunos de esos hombres que se enteran de que van a ser padres, pues igual, o quizás más. Llegué a mi casa a las 18.30, me tiré al sofá, puse un poco la TV y después me fui a la ducha. Mientras el agua caía por mi cuerpo, provocando así una agradable sensación, pensaba en Anna y en lo que había pasado en su camerino. Nos habíamos confesado ambos, nunca pensé que se podría ser tan feliz al amar y ser correspondido. Al salir de la ducha, me puse una toalla negra alrededor de la cintura mientras iba al vestidor a elegir qué ropa ponerme para la ocasión. Y me decidí. Una camisa blanca, corbata negra, vaqueros negros y Converse rojas. Informal y moderno, como me gustaba. Me peiné como tanto me gustaba, con el pelo a lo loco, como en el programa, y me eché de mi colonia favorita, Gaultier 2. Me miré en el espejo. Presentable. Miré el reloj, aun quedaban 20 minutos para las nueve, pero decidí irme ya, tenía muchísimas ganas de verla.
Aparqué justamente en su portal, a 10 minutos de que se hicieran las nueve. No paraba de sonreír. Una sensación extraña, dueña de mi cara, jugaba todo el rato con mi sonrisa. Una sonrisa de felicidad. De esas que sólo salen en los momentos que nunca se olvidan, y que tampoco quieres que pasen. Esos momentos que te hacen ajeno a los problemas del mundo y que deseas que perduren hasta la eternidad. Simplemente, era feliz. Y entonces, sin quitar la sonrisa, la veo. Sale de su portal menos maquillada que en el programa, pero a mí poco me importa, sigue estando igual de guapa. Lleva el pelo liso. Una camiseta larga de I (L) NY con unos vaqueros y unos tacones que hacen que sea aún más perfecta. Y entonces, pensamientos. Terribles pensamientos que debían de llegar algún día. Qué pasará ahora? Cómo será nuestra vida a partir de ahora? Pero en cuanto la veo subir al coche, esos pensamientos desvanecen, y lo hacen para no volver nunca más. Rozo suavemente mis labios con los suyos, presionándolos suavemente unos segundos más tarde. Y me sonríe. Y le sonrío.
-Hola, estás… estás… preciosa.
-Gracias, tú también. :)
Y soy un poco más feliz al ver que se sonroja, y me responde. Sonrío feliz mientras conduzco, mirando atentamente la calzada por donde hay otros coches. Diferentes marcas, diferentes colores, diferentes modelos. Pero para mí sólo hay uno. Y también varios centenares de personas caminando por la calle, aprovechando estos últimos días que quedan de verano. Personas de diferentes razas, religiones, estilos, estatura, sexo, edad, profesión… Diferentes personas. Pero para mí sólo existimos dos. Anna y yo. Y vuelvo a mirarla mientras paro en un semáforo, ella mira contenta su iPhone 3G de carcasa rosa, carcasa que le regalé yo, hace un año, para su cumpleaños. Y vuelvo al sonreír al recordar aquella fiesta. Qué bien lo pasamos bailando y riendo juntos, mientras ella intentaba hacer alguna de sus imitaciones y yo contando chistes sin sentido, pero que le hacían reír. Y el semáforo vuelve al color verde. Ya nos queda poco para llegar al cine, lugar donde veremos una película, comeremos palomitas y seremos felices al estar el uno con el otro. Y entonces enciendo la radio, escucho Europa FM. Una canción lenta que Anna parece cantar con sentimiento mientras me mira de vez en cuando.
Llegamos al edificio, centro comercial Tres Aguas de Alcorcón. Aparcamos en el tercer sótano y la acompaño a dar un paseo por el edificio, antes de ir a las taquillas del cine. Veo como observa sonriente algunos escaparates de tiendas y luego entra a comprar prendas de ropa innecesarias, pero que le gustan. Mientras caminamos hacia las taquillas del cine, paso mi brazo por sus hombros a la vez que sonrío. Un grupo de chicas sonrientes se acercan a nosotros y nos piden fotos. Están ilusionadas. No se las niego, y poso con la mejor de mis sonrisas, esta vez verdadera. Nos despedimos de ellas y seguimos caminando. Anna canta la canción que escuchamos en el coche, en bajito. No lo hace tan mal. Llegamos, y pido dos entradas para ver ‘El Origen Del Planeta De Los Simios’, película que ella eligió. Compramos las palomitas, entramos a la sala y nos sentamos en los sitios que nos asignaron. Nos acomodamos, y ella apoya la cabeza en mi hombro. Le acaricio el pelo mientras hablamos de temas que nos hacen reír, y otros a veces discutir, hasta que comienza la película. Parece estar atenta a ella, mientras que yo sólo puedo pensar en Anna y en lo feliz que soy en ese momento.
Cuando la película acaba, vamos a cenar a un restaurante en el mismo centro comercial, y lo pasamos bien, sonriendo, riendo, haciéndonos carantoñas y entre diferentes palabras de amor. De vez en cuando le cojo la mano y se la acaricio, mientras la miro a los ojos. Esos pequeños ojos enamorados que me miran con felicidad. Acabamos de cenar, le pago al camarero y decidimos volver a Madrid. Me dice que aún no le apetece volver a casa, por lo nos vamos a dar una vuelta al parque del Retiro. Nos sentamos en el cesped, ligeramente iluminado con pequeños farolillos. Y nos decidimos a tumbarnos mientras nos hablamos. Decide abrazarme mientras apoya la cabeza en mi pecho, y le acaricio el pelo. Le hablo de momentos absurdos vividos con Flo, con Romi, con Moni… y ella hace lo mismo. Y reímos por tonterías, tonterías que nos hacen un poco más felices. Mi reloj pita unos minutos más tarde, avisando que son las doce. Y otros pensamientos nacen en mi mente. Pensamientos que me hacen volver a la realidad. Es viernes por la noche. Miki estará esperándola. Y dejo de sonreír por un momento. Hasta que la veo mirarme.
-Ya no sonríes…
-Es viernes por la noche…
-¿Y…?
-No te vas a Mollet?
-Este finde no, me quedo contigo.
-Me parece un plan perfecto.
Y ya sí que vuelvo a sonreír, y a ser feliz de verdad. Se levanta, me coge la mano para que siga sus pasos, y obedezco. Caminamos hasta mi coche. Montamos y comienzo a conducir. Ya no hay mucha gente por la calle, solamente jóvenes que parecen caminar hacia locales como Kapital. Y Anna vuelve a cantar otra canción que sale de la pequeña radio del coche. Y escucho atentamente cómo lo hace. Y vuelve a enamorarme su tonalidad. Sonrío. Y felices, llegamos hasta su casa. Paro en el lugar de antes. Antes de bajarse, me mira.
-No quiero que te vayas…
-Mañana paso a buscarte por la mañana, vale?
-Quédate a dormir…
-… Está bien
Aparco bien, y subimos a su piso. Ha cambiado un poco desde la última vez que estuve. Nos sentamos en el sofá, abrazados. Hace demasiado calor, y pido desesperado quitarme la camiseta. Acepta encantada. Hay un momento en que nos miramos a los ojos mientras la TV suena sin que le prestemos atención. Sonrío mientras le acaricio suavemente el pelo que tiene por la mejilla, apartándolo levemente y colocándolo detrás se su oreja. Entonces, dudando un poco, me acerco a sus labios. Los rozamos ligeramente. Giro la cabeza hacia la derecha para evitar que mi nariz choque con la suya. Y presionamos nuestros labios, mientras sonreímos interiormente. Nuestro beso es dulce, con amor, pero se va convirtiendo en uno apasionado, muy apasionado. Y ese beso hace que nos levantemos y vayamos caminando hacia su habitación, intentando no crear una distancia entre nuestras bocas. Llego y observo la cama, que me obliga a empujarla suavemente sobre ésta. Y me pongo encima de ella, mientras seguimos besándonos, con pasión. Y me acaricia la espalda, mi camisa le molesta, por lo que me la quita. Y yo le quito la suya. Y poco a poco, nos desvestimos mutuamente, y nos movemos sobre la cama, hasta quedar desnudos, bajo las sábanas de franela blancas que cubren su colchón de biscoelástica. Y mientras nos besamos lujuriosos, deseándonos el uno al otro, me deslizo suavemente sobre ella. Uniendo nuestros cuerpos, somos felices. Nuestros cuerpos se mueven acompasados el uno del otro. Pasa un tiempo, un tiempo en el que ambos disfrutamos plenamente, y me estiro a su lado, abrazándola por la cintura, fuerte. Me hace muy feliz estar así con ella, pero sé que estamos haciendo mal, y le estamos haciendo mal a Miki. Pero me autoconvezco de que estoy con ella, y me olvido de los problemas del mundo. Abrazados, desnudos, sonrientes, observamos el cielo de Madrid por su ventana, mientras una tenue luz ilumina nuestros cuerpos, dibujándolos entre la oscuridad, como pequeñas siluetas secundarias de un cuadro de Velázquez, que casi no se ven, pero que son imprescindibles en la historia de éste. Y, ajenos a los problemas del mundo, a las guerras innecesarias, nos amamos de nuevo, besándonos con amor y abrazándonos, poseyendo cada uno el corazón del otro. Y, mientras le acaricio el pelo que cae sobre su espalda, hablo de nuevo.
-Eres preciosa.
Y, al rato, nos dormimos, felices el uno con el otro, abrazados, sin ser conscientes de que, esa noche, nuestra vida ha cambiado por completo.
Abro los ojos sin ser consciente de los incandescentes rayos de luz que entran por la ventana y que penetran fuertemente en mis ojos, molestándome gravemente en estos. Y recuerdo la tarde y la noche anterior. Todo lo que pasó entre nosotros. Y los malos pensamientos inundan de nuevo mi mente. Qué pasará a partir de ahora? Dejará Anna a Miki por mí? Pero la veo acariciarme por debajo del ombligo con el dedo índice, por lo que mis pensamientos se vuelven a ir y le acaricio el pelo, dejando, más tarde, mi mano reposar sobre su espalda desnuda. Noto como sonríe, y sonrío yo también. Al fin soy feliz de verdad. Estamos juntos, como amantes, pero lo estamos.
-Buenos días Dani :)
-Buenos días princesa, qué tal?
-Contigo genial…
Me abraza más fuerte y vuelvo a sonreír. Me da un dulce y efímero beso en el pecho y se incorpora. Entonces, se da cuenta de que estamos totalmente desnudos. Y al incorporarse, se sonroja.
-Por qué te sonrojas al saber que te veo desnuda?
-Me da vergüenza =$
-No seas tonta, no tiene por qué ser así… Tienes un cuerpo perfecto.
-En serio?
-En serio.
Y levanta la cabeza con el fin de llegar a mis labios, lo consigue y me besa. Un beso esperado desde hace tiempo. Y momentos también esperados. Amanecer juntos, hacer el amor mientras nos besamos, salir al cine, pasear por el Retiro de la mano y cantar canciones al unísono. Y la observo mientras se levanta para vestirse. Y se va al baño. Me quedo pensando, otra vez, en el futuro. Un futuro que esperas que sea feliz, de esos que has deseado siempre. Y a veces Dios ayuda, pero otras veces no. En mi caso estaba de suerte, lo que pasa que aún no era consciente de la situación. Y la veo venir envuelta en una toalla, con el pelo goteando sobre sus hombros, despeinado. Sonrío. Coge el reloj que tiene en la mesilla y las sandalias que descansan bajo la cama. Me obliga a levantarme. Me extiende su mano derecha para ayudarme, y me ayuda. Al ponerme en pie, me pongo los calzoncillos y voy al baño. Me peino y me lavo la cara. Y cuando llego al salón, está vestida y tengo el desayuno preparado. Entonces imagino un futuro. Un futuro junto a ella. Posibles niñas pidiendo desesperadas que las ayudemos a ponerse el uniforme del colegio. Llegar a casa después de un duro día de trabajo y encontrarte con la cena hecha. Pequeños momentos felices que aún no han sucedido pero que ansias porque pasen. Y una sonrisa tonta que se forma en mi boca provoca que ella se me quede mirando. Pregunta por mi estado de ánimo. Pregunto por el suyo, segundos después. Y respondemos lo mismo. Me visto y me dispongo a salir de su casa. Me agarra por la cintura deseosa de que permanezca ahí, todo el día, con ella. Aún sabiendo que minutos después volveré, no me dejar ir. Pero no cedo a que me acompañe. Y se aguanta, parece cabreada. Pero sé que no lo está.
Llego a casa. Me ducho, me peino, y me visto. Y me vuelvo a echar de esa colonia que tanto le gusta a ella. Entonces, recuerdo algo que tenía que darle por su cumpleaños. Se me pasó y no se lo di. Obtuvo todos mis regalos menos ése. Y lo cojo feliz, deseoso porque lo vea. Y vuelvo a bajar al coche. Conduzco hasta su casa. Cuando abre la puerta y me ve, se tira hacia mí ilusionada. Nos besamos dulce y cariñosamente, y vamos hacia el salón. Le ofrezco sentarse en el sofá, a mi lado, mientras me mira feliz. Le doy el regalo que tenía escondido a mis espaldas. Sonriente, lo abre. Un osito de peluche que pone ‘Te Quiero’. Y recuerdo la semana pasada. Cuando solamente éramos amigos. Esas palabras que sonaban sin sentido alguno. Que se sienten sin querer. Y me doy cuenta de que hablo del AMOR. Letras que forman un mensaje. Letras que forman un sentimiento. Y que, antes, se pronunciaban sin sentido, sin saber cuál era su verdadero significado. Pero yo lo sé. Y me siento afortunado. Si dicen que la humanidad no ha conseguido llegar a la completa felicidad, yo soy el que más cerca está. Amarla a ella, y que sea correspondido. Eso me hace olvidarme de problemas anteriores, problemas que se formaban sin sentido, y que ahora han desaparecido. Entonces, vuelvo a verla en momentos felices, mientras observa sonriente su regalo, sin ser consciente de mis pensamientos. Momentos de la tarde y la noche anterior. En su camerino, en el coche, en el cine, en el restaurante, en el Retiro, en su casa. Y me mira con esa mirada que pocos tienen y muchos desean. Una mirada de complicidad absoluta, de felicidad. De agradecimiento y afirmación. Una mirada enamorada. Una simple mirada que hace que, dudosamente, acerque mi cabeza a la suya. Parándola a unos milímetros de su boca, observo como tiene los ojos cerrados y se muere el labio inferior esperando a que se junten con los míos. Y doy el paso que falta, y se rozan. Un roce cálido. Roce de amor. Y, al separarme, veo cómo algunas lágrimas caen de sus ojos, velozmente corren por sus mejillas, para finalmente acabar su recorrido al final de su cara, o en la comisura de sus labios. Me sonríe. Y la pregunta que tiene esa respuesta. Ésa tan esperada y ansiada. Respuesta que me hace un poquito más feliz.
-Por qué lloras?
-Porque no puedo ser más feliz.
Y recuerdo aquella frase de aquel libro que leí hace unos años. ‘No se sabe de qué se llora hasta que te consuelan’. Y ahora es cuando de verdad entiendo su significado. Tiene razón. Le seco las lágrimas con mi pulgar, rozándolo suavemente con su mejilla. Parece tan frágil y delicada como una muñeca de cristal, que, al mínimo movimiento, se rompe el mil pedacitos que ya no se vuelven a reconstruir. Y otros pensamientos que nacen sin piedad en mi mente. Qué pasará cuando todo acabe? Y si nuestro amor se destruye como la muñeca antes mencionada? … Pero sé que eso nunca pasará. Siempre estaremos juntos. Por muchos impedimentos que tenga nuestra relación, seremos capaces de superarlos. Y sonrientes, nos abrazamos de nuevo. Susurro un ‘te quiero’ en su oído, haciéndola estremecer. Me responde. Y entonces comprendo que sí, soy muy afortunado… y estoy enamorado.