Voy en mi coche a recogerla a su casa. He cogido un pañuelo para taparle los ojos y que no vea nada hasta que lleguemos. Pito y baja. Me quedo asombrado, se ha puesto preciosa. Un vestido blanco de palabra de honor, con detalles rojos, y tacones a juego. Se ha alisado el pelo y va menos maquillada que en el programa. Simplemente perfecta. Se monta en el coche, y le doy un beso en la mejilla. No digo nada y le tapo los ojos.
-¡Dani! ¿Qué haces?
-Shht, no grites… No tienes que ver nada todavía.
-Está bien…
Conduzco tranquilo y sin mucha prisa. Llegamos a eso de las 21.10 a mi casa. Me pongo nervioso, la ayudo a salir del coche. Subimos en el ascensor hasta la cuarta planta, donde se encontraba mi casa. Abro la puerta, y le destapo los ojos. Las luces están apagadas, pero las velas hacen un camino ligeramente iluminado hacia el salón. Ve la rosa blanca con la nota, y la coge.
-‘Quiero que sepas que esta noche va a ser especial, te quiero’ – lee en alto.
-¿Y esto?
-Luego me dirás si es verdad o mentira, pero bueno, siéntate, voy a por la cena.
-Está bien…
Fui a por la cena a la cocina. La puse en dos platos y los llevé a la mesa. Anna me miró. Vi tristeza en su mirada. Y recordé momentos. Cuando salíamos juntos, antes de que pasara todo, siempre que venía a cenar a mi casa preparaba lo mismo, pechugas de pollo con puré de patatas. Y sabía que a ella le gustaban.
-Si… si quieres puedo preparar otra cosa o…
-No, tranquilo. Entiendo que hayas preparado esto. Trae buenos recuerdos, al menos para ti.
-Espero que para ti también.
-No, para mí no, Dani. La última vez que comí esto fue la noche que tú me pusiste los cuernos.
-Es verdad…
-¿No te acordabas?
-No, de aquel día sólo recuerdo lo gilipollas que fui.
-Ahí tienes razón.
La miro extrañado, y a los segundos nos reímos. La verdad es que sí, que fui un gilipollas, y estaba arrepentido, pero lo que un día de hacía dos años habíamos vivido no se iba a volver a repetir.
Terminamos de cenar entre risas y con unas copas de más, ambos habíamos cogido el puntillo y decíamos algunas tonterías. Nos sentamos en el sofá y vimos una película. Me acordé de lo que preparé en la habitación, no había servido de nada, pues ella me había repetido por activa y por pasiva que no me iba a perdonar, nunca. La película que vimos fue Nothing Hill, la favorita de ambos, como dijimos aquél 7 de Diciembre de 2010.
Acaba la película. Los dos estamos aún despiertos. Miro la hora. La 1.25 de la madrugada. Me mira y se levanta. Coge sus cosas.
-Ey, ¿dónde vas? – pregunto
-Pues a mi casa, ¿dónde quieres que vaya?
-Puedes quedarte aquí si quieres
-No… Dani, no.
-¿Por qué?
-Porque no, todo ha sido muy reciente, Dani. Esta mañana ni siquiera nos hablábamos, ¿y ahora me pides que me quede en tu casa?
-Pero…
-No, Dani, has de saber que no puede ser.
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