A la mañana siguiente, me desperté a eso de las 8.30 de la mañana. Tenía que ir a la radio. Me duché, y me puse una camisa azul de cuadros, unos vaqueros desgastados y mis converse. Encima de la camisa me puse mi chaqueta de cuero negra con un fular de cuadros. Después, desayuné, cogí mis cosas y me fui.
No estuve muy centrado en la radio, y Juan Ramón Lucas, mi jefe, me lo hizo saber. La verdad es que no paraba de pensar en Anna, en el beso, y en lo que le tenía que preparado esa noche para pedirle perdón.
Llegué al plató a eso de las 11.30 de la mañana. Fuera estaba Anna. Sonreí y me puse detrás. Observé que tenía el bolso abierto, y cuando iba a meterle el regalo con la nota, se giró. Yo no me moví. Quería hablar con ella.
-Hombre, mi gran amigo – dijo sarcásticamente - ¿Qué pasa? ¿Me querías robar o algo por el estilo? No sé, es que es raro que vayas mirando bolsos ajenos por ahí…
La miré a los ojos, noté tristeza en ellos, y la cogí del brazo.
-Anna… Feliz San Valentín. Toma – le di el regalo
-¿Y esto? – preguntó sorprendida, mirando con cara de asco el regalo
-Es lo menos que podía hacer después de todo lo que te he hecho sufrir, perdóname.
-¿Perdonarte? Dani, ¿hablas en serio? ¿Qué te perdone? ¿Después de todo lo que me has hecho sufrir? Daniel, joder. Que lo he pasado fatal, por tu culpa. ¿Tú sabes lo que es pasarse días enteros frente a la televisión, llorando a más no poder, y con cubo de helado de chocolate? Seguro que no. Seguro que no sabes qué se siente al ver a la persona que más amas y que más has querido en tu vida liándose con otra – empezó a llorar – Daniel, yo contigo veía una relación verdadera. Una relación en la que no me hicieran sufrir, una relación en la que me hicieran feliz de una vez en la vida. ¿Pero sabes qué? Me jodiste. Me jodiste la vida, Daniel… Yo te amé… y veo que cometí un error.
Se va corriendo. Lloro yo también. Veo salir a Flo y venir hacia mí, parece enfadado. Tiene el hombro mojado. Le miro, me seco las lágrimas y me dispongo a irme, pero me coge del brazo.
-Daniel, te dije que hablaras con ella.
-¡HE HABLADO CON ELLA, FLO! Le he dado la pulsera que le compré y mira donde la ha dejado… - digo señalando al suelo. La caja está abierta y la pulsera rota – Me siento fatal. Digo… soy un mierda – sigo llorando – Es que no merezco que me perdone, no lo merezco… Le he jodido la vida.
-No digas eso, Dani. Anda, entra, ves a su camerino y habla con ella.
-No, Flo, me ha dejado muy claro que no quiere saber nada de mí… Mira lo que ha hecho con la pulsera… 6.300 euros bien invertidos.
-¿6.300 pavos? Joder, Dani.
-¿Y qué quieres Flo? Hoy es el día de los enamorados, el día de…
-Dani – me corta – Ve ahora mismo y dale la pulsera.
-¡PERO SI LA HA ROTO, JODER! Arreglarla me va a costar un pastón… y ya no podré solucionar nada con ella.
-Pues ve y explícale cómo te sientes. Pídele perdón hasta que te quedes sin voz. ¡Ya!
-Voy…
Al final me decidí y fui hacia su camerino. Tenía la puerta abierta y ella estaba llorando tumbada en el sofá, mirando una foto que nos hicimos cuando salíamos juntos. La escuché pronunciar algunas palabras. ‘¿Qué hice para que me fueras infiel, Dani? Yo te amo…’ No lo dudé, y entré. Cerré la puerta. Me miró y se dio la vuelta.
-Anna, ¿puedo hablar contigo?
-Siéntate y habla, otra cosa es que te vaya a escuchar, aunque es lo mínimo que puedo hacer. No creas que te voy a perdonar, es que si no me va a costar demasiado actuar en el beso de hoy.
-Anna, lo siento. Soy un puto imbécil. Te he hecho sufrir, y ¿sabes por qué? Porque soy gilipollas. No te supe apreciar cuando estabas conmigo. Esos meses fueron los más felices de mi vida. Aún no sé cómo pude hacerte eso. Ahora mi vida sin ti… no tiene sentido. Me paso las tardes llorando, a eso súmale que en el programa tenemos que hacer como que nos llevamos bien, cuando fuera no podemos ni hablar… ¿Tú sabes la de veces que he pensado en quitarme del medio? ¿En desaparecer para no volver? Tú no lo sabes, no lo sabe nadie, pero la de veces que he cogido algo cortante y lo he puesto en la parte inferior de mi muñeca son incontables. ¿Sabes por qué? Porque te amé, te amo, y te amaré siempre; y nunca me perdonaré el haberte hecho sufrir.
Con mis palabras, salían lágrimas de sus ojos y de los míos. Se me quedó mirando quieta. Sin nada que hacer ni nada que decir. Sólo pestañeaba, y de vez en cuando se limpiaba las lágrimas. Yo tampoco hacía nada. Los vocablos que salieron de mi boca me hicieron desahogarme un poco, y con quién mejor que con ella. Entonces, me decidí a darle la pulsera, aunque estuviera rota.
-Toma… Feliz… Feliz San Valentín – le dije, acercándole la caja de la pulsera con la mano temblorosa.
Cogió la caja y la miró. Después me miró, sonriendo, y casi riendo, a la vez que se secaba las lágrimas.
-Está rota…
-Bueno, si no la hubieras tirado antes, estaría bien, créeme.
-Muchas gracias, es bonita.
-Era bonita… se ha ido a la mierda – dije con cara triste.
-Ehh… no te pongas así. Sigue siendo bonita. Por lo menos este rectángulo sigue sin inmutarse.
-Tiene… tiene una inscripción.
-A ver… - miró el rectángulo de plata y leyó en alto – ‘Siempre estaré contigo’... ¿Y esto?
-Anna, quiero volver a ser tu amigo.
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