lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 10 - Te Necesito, Daniel - [GraciasRocío(L)]


Poco después, llegó la hora de prepararse para el programa. Al ir a mi camerino, pasé por el de Anna, que tenía la puerta entreabierta. Escuché como hablaba con Romina, quién había venido a hacernos una visita en nuestro primer programa de Otra Movida. Sí, la íbamos a echar de menos. No pude pasar de largo, y me quedé escuchando.

-Pero, ¿cómo te has dejado hacer eso? Tú eres una mujer fuerte y no debes aguantar que un hombre te trate así. Tienes que denunciar.
-Romina, me ha amenazado, me ha estampado la mano en la mejilla y me ha violado. Estoy asustada. No puedo hacer nada.
               
Asombro. Impresión. No, nada de eso. Era de esperar. Miki era un tipo demasiado posesivo. Lo había comprobado una tarde que Anna y yo quedamos para dar una vuelta. Le gritó ahí, en el bar, delante de todo el mundo. Humillándola como no se merecía. Entonces, me armé de valor. Sin saber qué reacción podía tener ella, entré a su camerino. Y la abracé. Lloró en mi hombro.

-Por qué no me lo habías contado?
-Para qué iba a hacerlo? No puedes hacer nada al respecto. No te va a hacer caso.
-Anna, yo… yo no puedo hacer nada, tienes razón. Pero tú sí que puedes. Y tienes que denunciar. Ahora mismo te acompaño si quieres. Flo lo entenderá.
-No, esto no puede salir de aquí, entiendes? Si digo algo, ellos lo comentarán, Miki se enterará de que os he dicho algo y me matará.
-No digas tonterías – dijo Romina – No te puede matar.
-No? Estás segura de eso, Romina?
-Muy segura.
-Pues yo no lo estaría tanto.
                
Y me fui. No quería seguir discutiendo, y menos con Anna. Caminé hacia la puerta, donde aún estaba Flo. Le dije que me dejara salir unos minutos, que no tardaba en volver. Y me lo permitió. Me dirigía hacia la comisaría, donde, quisiera Anna o no, pondría una denuncia a Miki. Pero no llegué a tiempo. En una calle noté como alguien me cogía del cuello y me llevaba hacia un callejón, anteriormente desconocido para mí. Me estampó contra la pared, haciendo que me golpeara fuertemente en la cabeza y cayera hacia el suelo. Pude articular unas simples palabras antes de ver quién era el que me había cogido.

-Quién eres?
-Y quién coño eres tú para decir a mi novia que me denuncie?
               
Me giré y le vi. La rabia invadió mi cuerpo por completo. Fui rápidamente hacia él, pero él fue más rápido que yo.

-Quieto ahí… qué ibas a hacer? Pegarme? Ja, ja, ja, - rió irónicamente – Un tirillas como tú.
-Mira, yo sólo te pido que la dejes en paz – dije tranquilizándome – Ella no te quiere, así que creo que deberías dejarla en paz, si quieres que ella sea feliz.
-Claro que quiero que sea feliz, pero yo sé que, si no es conmigo, ella no va a ser feliz. Ella me necesita. Me pertenece.
-No, no te pertenece. Ella no es de ti, ni tú eres de ella. Tiene derecho a elegir con quién quiere ser feliz, y, si no quiere serlo contigo, no has de pegarla ni hacerla sufrir.
-Cállate ya, joder!
                
Y, sin que yo pudiera esquivarlo, me dio un puñetazo en la mandíbula y el otro en el estómago, provocando que cayera al suelo, indefenso, sin que pudiera hacer nada. Siguió pegándome un buen rato, perdí la fuerza y me sentía un cobarde, pero no podía hacer nada. Ya se había ido cuando noté a alguien acercarse a mí, no podía ver quién era, tenía la vista nublada. Escuché unas últimas palabras antes de caer inconsciente.

-Te necesito, Daniel.

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