-Dani, tienes que entender que para mí ahora… de repente… es muy difícil…
-Sólo te lo voy a repetir, una vez, y quiero que me respondas sí o no. Anna, quiero volver a ser tu amigo.
-Yo también quiero volver a ser tu amiga.
Sonreímos y nos abrazamos. Soy feliz, por fin. Lloro, de alegría, de saber que al fin volvemos a estar bien, después de 8 meses sin hablarnos y sufriendo el uno por el otro. Le mojo toda la hombrera de su camiseta. Da igual, ella moja la mía. Nos separamos a los tres o cuatro minutos.
-Gracias
-¿Por?
-Por perdonarme – dijo sonriente
-No, Dani, no te equivoques. Que quiera llevarme bien contigo y quiera volver a ser tu amiga no quiere decir que te haya perdonado lo que me hiciste.
-Entonces… gracias.
-¿Por? – pregunta risueña
-Por volver a ser mi amiga.
Nos volvemos a abrazar, hablamos un rato y nos vamos a peluquería y maquillaje. Para comer yo me siento con Flo y ella con Romina y Mónica, sus mejores amigas del programa. De vez en cuando nos miramos y sonreímos. Flo, que nos observa un par de veces muy detenidamente, pregunta.
-¿Habéis hablado, no?
-Sí… dice que quiere llevarse bien conmigo, pero que nunca podrá perdonarme lo que le hice.
-Normal… bueno, tú esta noche prepárale algo bonito en tu casa y verás cómo sí que te perdona.
-¿Tú crees?
-Claro.
Pasa el rato que queda para empezar el programa, hacemos la entradilla como siempre, y el programa comienza. Comenzamos a hablar de Telecinco, y llega el momento esperado. El beso.
-¡Venga! Si algo bueno tenía que tener el San Mierdín este
Nos vamos los tres delante de la mesa, miro a Anna a los ojos, la noto nerviosa. Sonrío. Digo a Flo que nos deje solos, y corresponde. Unos segundos después, juntamos nuestros labios. Un conjunto de sensaciones recorren mi cuerpo. Malos y buenos momentos pasan por mi cabeza, como cortometrajes de esos que te puedes encontrar de vez en cuando en el cine antes de que empiece la película. Y, cuando me quiero dar cuenta, estamos otra vez sentados en la mesa. No paro de pensar en el beso, y eso se me nota a la hora de seguir el guión. No pasa nada, lo tomo a risa, y sigue el programa, como siempre, o quizá mejor.
Acaba el programa. Me voy a mi camerino y me cambio, aún sigo pensando en el beso, y en recuerdos que me vienen a la cabeza, algunos de los cuales hubiese preferido no recordarlos. Me quito el poco maquillaje que llevo, bebo agua y voy al camerino de Anna, que se encuentra puerta con puerta con el mío. Suspiro y llamo.
-¡Un momento! – Grita desde dentro – Estoy poniéndome la camiseta…
-No te preocupes, Annita, si soy yo…
No responde y a los pocos segundos abre la puerta. Llevaba unos vaqueros negros, unas manoletinas y una camiseta larga y blanca. Me mira y sonríe. Sonrío. Nos sentamos en el sofá. Me ofrece agua, pero la rechazo. No tengo sed, ni hambre.
-¿Qué querías?
-Venía a preguntarte si te apetecía cenar conmigo esta noche, como amigos… para recuperar el tiempo perdido.
-Uf… está bien…
-A las 9.00 paso a recogerte, ¿vale? Estate preparada
Me voy, cierro la puerta del camerino tras de mí y me dirijo hacia donde tengo aparcado el coche. Antes de entrar en él, noto como alguien me coge del brazo y me gira. Es Romina. Sonrío. Últimamente nos llevábamos demasiado bien, y me preguntaba si ella estaba comenzando a sentir algo por mí.
-¡Cuquito! – sonríe
-Ey, ¿qué haces por aquí?
-Nada, esperarte, quería hablar contigo.
-Bien, pues dime
-He hablado con Anna y me ha dicho que lo habéis arreglado todo, como me alegro – sonríe
-Jajaja – río – Bueno, todo, lo que se dice todo… no. Hemos quedado como amigos, ella dice que no podrá perdonarme lo que le hice, y la entiendo.
-Es que Dani, cómo se te ocurre…
-Ya, ya, no me lo recuerdes. Oye, ¿quieres que te acerque a casa?
-Gracias cuquito, pero no hace falta, me voy de reportaje con Moni, mañana nos vemos.
-¡Adiós!
Monto en el coche y conduzco hacia mi casa, tranquilo, feliz. Llego y la veo hecha un desastre. Me pongo a recoger como loco. Ordeno el salón, y lo barro. Después mi habitación. Y al final, la cocina. Miro el fregadero. Suspiro. Los platos de todo el fin de semana seguían ahí, sucios. Miro el lavavajillas, ‘¡mi salvación!’- pienso. Pero no es así, se me había estropeado. Comienzo a fregar. Veinte minutos después, acabo, y me siento en el sofá. Miro la hora. Las 18.30. ¡Mierda! Tenía que prepararlo todo.
Bajo a la calle y compro un par de rosas rojas y una blanca en una floristería cercana. Después, voy a una tienda y compro el champán más caro que tienen, 85.90 € la botella, y después, las cosas para la cena. Unas pechugas de pollo fileteadas y puré de patata. Llego a mi casa. Deshojo una rosa roja en la cama y enciendo unas velas. Cierro la puerta y me voy de ahí. Llego al salón, preparo la mesa con velas rojas largas, dos rosas entrecruzadas y mantel rojo debajo de éstas. Perfecto. Voy a la cocina y me pongo a cocinar. Cuando me doy cuenta son las 20.45 de la tarde. Cojo la rosa blanca, la dejo en el mueble de la entrada con una nota y me voy a buscar a Anna. Esta noche va a ser… simplemente perfecta.
uuuuuuuuuuuuf q bonito!!! Next!
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